El color de la abstracción
Cuando Mirian me propuso escribir un estudio sobre su obra, se me plantearon algunas dudas. ¿Cómo escribir sobre alguien ha quien no conozco personalmente? ¿Cómo explicar su pasión creativa y artística sin conocer al artista? No fue hasta algunos días después cuando comprendí que poseía la respuesta a mis preguntas.

La obra de un pintor es, en primer lugar y por encima de todo, espejo de su carácter, su personalidad y su vida, en el mismo instante en que es creada. Lo que ha formado al artista a ser como es, sus experiencias tanto vitales como artísticas, sus conocimientos y contactos con las personas de su entorno próximo y ocasional, conforman lo que siente en el momento de la creación. Aunque no sea consciente, su imaginación y su capacidad creativa están influenciadas por esa visión del mundo. Y esta obra, que observo continuamente, es la mejor carta de presentación.

La obra de Mirian de los Ángeles es el reflejo de una persona apasionada de la luz y sus formas, amante de la insinuación y de la alegría de su Brasil natal, transmitidas al lienzo de forma excepcional.

En un examen superficial de la obra, se puede apreciar la composición estrictamente geométrica de los cuadros. Formas elementales, básicas del diseño, la arquitectura y el arte en general. Es el origen de la composición. Pero no son simples formas. La tradición artística nos ha demostrado, desde los estudios pitagóricos hasta las vanguardias del siglo XX, que la geometría es el principio creador del arte. Toda forma natural tiene su equivalente en la geometría elemental. El cubismo y su interés por la estructura ya planteó la posibilidad de que la pintura podría convertirse en una especie de construcción, semejante a la arquitectura. Pintores de París, Rusia y Holanda, como Klee y Kandinsky, son ejemplos de estos estudios.

Piet Mondrian componía formas puras, líneas rectas, inteligentemente combinadas con el color, consiguiendo un arte disciplinado, ordenado, claro, que muestra las leyes objetivas de la naturaleza. Realidades inmutables ocultas en apariencias subjetivas. La obra de Mirian, responde a estas mismas características.

Bien conocida es la estrecha relación existente entre forma y color. Determinados colores son realzados por determinadas formas y mitigados por otras. La armonía de los colores agudos y los profundos y sus equivalentes formales determinan el resultado visual de la obra sobre el espectador y propician la experiencia estética.

El color (nos cuenta Kandinsky en su obra “De lo espiritual en el arte”) produce en el espectador sensación de satisfacción, alegría y excitación. Sensaciones físicas que, como tales, son superficiales y no dejan impresión permanente. <<Del mismo modo que al tocar el hielo sólo se siente el frío físico y se olvida esta sensación cuando se caliente de nuevo el dedo, así se olvida también el efecto físico del color cuando el ojo se aparta. E igual que la sensación física del hielo frío, si penetra más adentro despierta sensaciones más profundas y puede provocar toda una serie de vivencias psicológicas, así la impresión superficial del color se puede convertir en vivencia>>.

Y vivencia propia es lo que nos transmite, claramente, Mirian de los Ángeles en sus obras. Experiencias vividas en primera persona por el artista que recuerdan sensaciones únicas y personales al espectador. Colores y formas que en actitud similar a los estudios de la Gestalt nos hacen dudar de cuál es el fondo y cuál la superficie. Que elemento está en primer plano y cuál en segundo lugar. Sólo nuestra visión y juicio personal decidirá qué hay delante y qué detrás, participando así activamente en la construcción misma de la imagen visual creativa. Un divertimento poco habitual en el arte contemporáneo que nos demuestra una unidad perfecta de técnica y creatividad. La obra de una persona con alma de artista.
- Raquel Viejo Fernández
Historiadora del Arte
León - Espanha